La rentabilidad de la fresa no depende de que sea un cultivo de alto valor, sino de convertir una inversión elevada en fruta comercializable de manera constante. La fresa puede generar ingresos por hectárea muy superiores a los de muchos cultivos extensivos, pero también exige capital, tecnología, mano de obra y una estrategia comercial definida antes de plantar.
La estructura de costos deja poco espacio para improvisar
Un escenario de Agrocostos de FIRA para agricultura protegida en el Valle de Zamora-Meseta, Michoacán, ciclo 2025, estimó un costo total de 1.263 millones de pesos por hectárea, incluyendo financiamiento. El costo directo fue de 1.099 millones. La siembra representó 27.1% de ese costo y la cosecha, selección y empaque otro 25.6%. El modelo contempló infraestructura auxiliar cercana a 770,000 pesos por hectárea para macrotúnel y riego.
FIRA advierte que sus Agrocostos son estimaciones paramétricas y no promedios representativos del país. Aun así, muestran la naturaleza financiera del negocio: la fresa exige mucho capital antes de recuperar un peso por ventas. En el mismo escenario, el costo unitario fue de 42,845 pesos por tonelada y el punto de equilibrio de 19.84 toneladas por hectárea.
Por ello, la pregunta correcta no es cuánto puede producir una hectárea, sino cuánto fruto vendible puede obtenerse por encima del punto de equilibrio. Una merma por enfermedades, deformación, sobremaduración o rechazo comercial no solo reduce rendimiento; eleva el costo efectivo de cada kilogramo vendido.
La presión laboral también cuenta. La cosecha requiere cortes frecuentes y selección cuidadosa, labores difíciles de mecanizar para mercado fresco. Además, el salario mínimo general aumentó a 315.04 pesos diarios en 2026, 13% más que en 2025. No equivale al costo real de un cortador, pero confirma presión creciente sobre presupuestos intensivos en mano de obra.
El margen se construye en el canal comercial, no solo en el campo
La diferencia entre un buen productor y un negocio rentable aparece después de cosechar. La fresa es altamente perecedera, por lo que tiempo, temperatura, empaque, clasificación y logística afectan directamente cuánto valor puede capturarse.
El escenario de FIRA utilizó un precio probable de 63,658 pesos por tonelada y un rendimiento de 29.48 toneladas por hectárea. Bajo esos supuestos, proyectó ingresos de 1.877 millones de pesos, una utilidad de 613,564 pesos por hectárea y una relación beneficio costo de 1.49. Es atractivo, pero depende de sostener rendimiento, calidad y precio.
El mercado muestra por qué. En marzo de 2026, el SNIIM reportó para fresa de primera calidad en la Central de Abasto de Toluca un precio frecuente de 40 pesos por kilogramo, con un intervalo de 35 a 45 pesos. Estas cotizaciones mayoristas no son directamente comparables con el precio al productor, pero ilustran la variación entre mercados, fechas y calidades.
Un agricultor que vende sin diferenciación, negocia después de cosechar o depende de un solo comprador queda expuesto a recibir el precio disponible cuando su producto tiene menos tiempo para esperar. Contratos, programas con empacadoras, ventanas comerciales planificadas y salidas para segundas calidades pueden proteger el margen.
La rentabilidad existe, pero pertenece a sistemas bien administrados
La principal amenaza no es un costo aislado, sino combinar costos altos con ingresos variables. Una finca puede lograr un rendimiento agronómico aceptable y destruir margen si cosecha tarde, empaca mal, acumula rechazo, pierde cadena de frío o vende en semanas de precios deprimidos.
Entrar a fresa exige modelar escenarios, no usar una sola expectativa. El productor debe conocer su costo por kilogramo comercializable, rendimiento mínimo para cubrir costos, proporción de fruta de primera, costo laboral por kilogramo y precio neto después de empaque, transporte y mermas. También necesita capital de trabajo para atravesar los meses de mayor gasto y una lectura comercial clara de cada ventana de mercado.
La agricultura protegida puede reducir riesgos y mejorar uniformidad, pero introduce inversión y depreciación. Una variedad con alto potencial puede elevar valor comercial, pero solo si responde a la zona y al comprador. Incluso una buena cosecha puede resultar mediocre financieramente cuando el canal no remunera la calidad obtenida.
Entonces, ¿es rentable producir fresa en México? Sí, puede serlo, y los modelos disponibles muestran márgenes importantes bajo condiciones favorables. Pero no es un cultivo cuya rentabilidad provenga simplemente de producir mucho. Es rentable cuando el productor domina costo, rendimiento comercializable, mano de obra, calidad, poscosecha y venta. Sin esa integración, la misma intensidad que hace atractiva a la fresa puede convertirla en una de las apuestas agrícolas más costosas de gestionar.


