Información del cultivo de fresa

La fresa ocupa un lugar singular dentro de la horticultura mexicana porque combina tres atributos que pocas frutas concentran al mismo tiempo. Tiene alta intensidad de mano de obra, exige manejo agronómico fino desde el establecimiento hasta la cosecha y participa en cadenas comerciales que castigan cualquier falla de calidad, vida de anaquel o cumplimiento sanitario. Por esa razón, analizar la fresa en 2026 implica revisar el volumen cosechado junto con el agua, la tecnología, la logística, la sanidad, el tipo de cambio, la ventana comercial y la capacidad de cada región para sostener fruta uniforme durante varios meses.
La dinámica nacional muestra un cultivo maduro en términos comerciales, con espacio para crecer en valor mediante mejores decisiones productivas y comerciales. La señal más importante es la estabilización. Después de una estimación de 610,000 toneladas en 2025, para 2026 se prevé una producción de 621,450 toneladas. Esa trayectoria describe una industria que sigue expandiendo tecnología y mercado, a la vez que administra límites más visibles en agua, costos, clima y exigencias de exportación. En otras palabras, la fresa en México ya no depende de crecer por superficie de manera acelerada. Su siguiente etapa depende de crecer por eficiencia, consistencia y colocación.
Escala productiva y geografía de la fresa
La base territorial del cultivo sigue muy concentrada. En 2025, Michoacán aportó 377,430 toneladas, equivalentes a 62% del total nacional. Baja California produjo 112,040 toneladas, con 18%, y Guanajuato 93,736 toneladas, con 15%. El resto del país reunió 26,795 toneladas. Esa distribución revela una estructura nacional dominada por tres polos con perfiles distintos. Michoacán es el gran centro de volumen y continuidad; Baja California es una plataforma de fruta tecnificada con fuerte vocación comercial; Guanajuato conserva un peso estratégico por productividad, tradición y conexión con el mercado interno y de exportación.
La razón de esa concentración no es casual. La fresa responde con claridad a combinaciones específicas de altitud, temperatura, radiación, disponibilidad de riego y cercanía logística. Las zonas altas del centro del país favorecen el desarrollo vegetativo y la calidad del fruto, mientras que los valles costeros de Baja California permiten construir calendarios que aprovechan nichos de mercado muy valiosos. Esa diversidad regional ayuda a México a ofrecer fruta durante todo el año, con dos ventanas de mayor peso comercial. La primera se ubica entre enero y junio. La segunda aparece al cierre del año, en noviembre y diciembre. El pico de cosecha ocurre en mayo.
En el caso de Baja California, la información reciente ayuda a medir la especialización regional. Para el ciclo otoño invierno 2025-2026, la zona costa programó 2,635 hectáreas de fresa bajo riego, principalmente en San Quintín y en menor proporción en Ensenada. Ese dato confirma que la fresa mantiene la mayor superficie prevista entre los cultivos de riego de la temporada regional. La lectura empresarial es clara. Baja California funciona como una plataforma altamente especializada, donde la planeación del calendario productivo y la cercanía con rutas comerciales del noroeste elevan el peso estratégico del estado dentro del mapa fresero nacional.
Michoacán conserva otra lógica. Su peso radica en la escala y en la continuidad de la oferta, con una base empresarial que abastece mercado nacional, industria y exportación. Esa capacidad lo convierte en el estado que más influye sobre el equilibrio nacional entre disponibilidad y precio. Cuando Michoacán entra con buena fruta y buen ritmo de corte, la cadena gana estabilidad. Cuando el estado enfrenta retrasos por clima, presión fitosanitaria o problemas de empaque, el efecto se transmite con rapidez a la logística, a la formación de precio y a la programación de embarques. Por eso, seguir la evolución productiva de Michoacán equivale en buena medida a seguir la salud del negocio fresero mexicano.
Guanajuato, por su parte, conserva una importancia superior a la que su porcentaje sugiere. La entidad conserva un papel decisivo en rendimiento, abasto regional, identidad territorial del cultivo y capacidad de articulación con mercados tradicionales. Además, su ubicación dentro del centro del país le permite jugar un papel comercial muy útil para la distribución hacia plazas mayoristas. En conjunto, la geografía productiva muestra una conclusión práctica. La fresa mexicana no debe leerse como un solo sistema homogéneo. Es una red de territorios con calendarios, costos y riesgos diferentes. Las decisiones empresariales más finas parten de reconocer esa diferencia regional y convertirla en estrategia.
Productividad, tecnología y estructura de costos
La rentabilidad actual del cultivo depende de la productividad comercial y de la productividad biológica. En términos agronómicos, los productores mexicanos pueden obtener entre 43 y 60 toneladas por hectárea, según la ubicación geográfica y el comportamiento del clima. Esa amplitud ya indica que la media nacional dice poco si se evalúa de manera aislada. Dos unidades con rendimientos parecidos pueden terminar con resultados financieros muy distintos según porcentaje de fruta exportable, pérdida postcosecha, gastos de empaque, costo del agua, eficiencia de corte y porcentaje de rechazo. En fresa, producir más toneladas ayuda. Colocar más fruta vendible es lo que realmente define el margen.
La modernización tecnológica avanza justamente en ese punto. Una parte importante de la producción nacional se maneja bajo túneles altos, es decir, estructuras cubiertas que moderan el impacto del viento, la lluvia intensa, los picos térmicos y parte de la presión de plagas. También avanza la instalación de riego más eficiente y la adopción de materiales vegetales seleccionados por firmeza, sabor, vida de anaquel y adaptación comercial. En el país siguen presentes variedades como Festival, Sweet Charlie, Albion, Camarosa y San Andreas. En la práctica, el cambio varietal se volvió una decisión financiera, porque define el calendario de corte, la tolerancia al manejo y la capacidad para cumplir con especificaciones del cliente.
La presión de costos se mantuvo visible durante 2025 y continúa presente en 2026. El reporte más reciente del sector destaca que la apreciación del peso mexicano en 2025 afectó los márgenes de productores y exportadores, mientras que los costos locales de insumos productivos y materiales de empaque siguieron elevados. Ese punto es central para la toma de decisiones. Cuando una empresa opera en un cultivo con mano de obra intensiva y poscosecha delicada, una mejora moderada en rendimiento puede quedar anulada por aumentos en empaque, energía, transporte refrigerado o gasto operativo en cosecha. De ahí que el control de costos deba medirse por kilo comercializado, por mercado de destino y por hectárea establecida.
La tecnología de riego merece una atención especial. En la fresa moderna, el riego ya no es únicamente suministro de agua. Funciona también como instrumento para dosificar nutrición, reducir estrés y sostener uniformidad del fruto. En varios proyectos freseros del país el riego eficiente se ha vuelto la primera barrera contra la volatilidad climática. Esto adquiere valor adicional porque el cultivo es muy sensible a la deshidratación, al anegamiento y a los cambios bruscos de temperatura. El manejo hídrico correcto influye en firmeza, tamaño, color y duración comercial. Cada uno de esos atributos define la velocidad de desplazamiento en la cadena y, con ello, el precio final obtenido.
El mercado ofrece una señal útil sobre esa relación entre calidad y costo. En una referencia mayorista del 4 de marzo de 2026 en la Central de Abasto de Toluca, la fresa de primera calidad se ubicó entre 35.00 y 45.00 pesos por kilogramo, con precio frecuente de 40.00 pesos por kilogramo. Es un dato puntual, de una plaza y de un día específico, y al mismo tiempo ilustra un fenómeno más amplio. El negocio no se mueve por un precio fijo nacional. Se mueve por ventanas, calidades, presentación, plaza, origen y velocidad de rotación. Las empresas que logran sostener calidad homogénea y suministro ordenado capturan mejores salidas comerciales. Las que operan con variabilidad productiva quedan más expuestas a descuentos, devoluciones y mermas.
Mercado interno, exportación y formación de precios
La fresa mexicana mantiene una doble condición muy valiosa. Es fruta de consumo cotidiano en el país y, al mismo tiempo, es una fruta con fuerte orientación exportadora. Esa combinación le da profundidad al mercado. Según la proyección sectorial más reciente, alrededor de 60% de la producción mexicana de fresa se destina a exportación, mientras el consumo nacional por persona ronda 2.4 kilogramos al año y la demanda de procesamiento local sigue creciendo. Esa mezcla reduce la dependencia de una sola salida comercial y permite reacomodar parte de la oferta entre fresco nacional, exportación y transformación industrial según comportamiento del mercado y calidad de la fruta.
Los datos comerciales de 2024 muestran el peso real del negocio externo. El intercambio total de frutillas frescas en México fue de 1,349 millones de dólares. De ese monto, 1,225 millones correspondieron a exportaciones y 124 millones a importaciones. El destino dominante fue Estados Unidos, con 1,177 millones de dólares, equivalente a 96.1% del valor exportado. Canadá, Arabia Saudita, Kuwait y Emiratos Árabes Unidos aparecieron muy lejos en escala. La lectura es directa. México cuenta con una posición sólida como abastecedor y, al mismo tiempo, mantiene una dependencia muy alta de un solo destino. Esa concentración vuelve indispensable monitorear reglas sanitarias, logística fronteriza, tipo de cambio y ritmo de consumo del mercado estadounidense.
También importa observar quiénes concentran la salida comercial. En 2024, Jalisco encabezó las exportaciones de frutillas frescas con 466 millones de dólares, seguido de Baja California con 367 millones y Michoacán con 330 millones. Guanajuato registró 18.5 millones. Esta foto no replica de manera exacta el mapa del volumen agrícola, y eso dice mucho sobre la cadena. Exportar más valor no siempre significa producir más toneladas. También intervienen empaque, trazabilidad, infraestructura comercial, rutas logísticas y ubicación de empresas exportadoras. Por eso, para una compañía agrícola, la discusión relevante no termina en dónde sembrar. Incluye dónde consolidar, empacar, enfriar, documentar y despachar la fruta.
La concentración regional continuó visible en el cuarto trimestre de 2025. En ese periodo, las exportaciones de frutillas frescas sumaron 143 millones de dólares y se concentraron principalmente en Jalisco con 74.9 millones, Michoacán con 62.8 millones y Baja California con 4.91 millones. Visto en proporciones, Jalisco reunió 52.4% del valor trimestral, Michoacán 43.9% y Baja California 3.4%. Esa lectura sugiere que las empresas con infraestructura comercial fuera del núcleo tradicional de volumen pueden ganar peso en el tramo donde la coordinación logística y el cumplimiento documental son determinantes. En fresa, el valor se organiza en la parcela y termina de definirse en la cadena fría y en el despacho.
El mercado interno también cumple una función de equilibrio que con frecuencia se subestima. La proyección para 2026 indica importaciones mexicanas cercanas a 40,000 toneladas, principalmente de fresa procedente de Estados Unidos, para cubrir la baja de oferta nacional en los meses de verano. Ese dato muestra dos cosas. Primero, el consumo interno tiene profundidad suficiente para absorber oferta importada cuando la producción mexicana entra en su fase baja. Segundo, la continuidad del abasto importa cada vez más para autoservicio, industria y plazas urbanas. Para las empresas mexicanas, esta situación abre una pregunta estratégica. La oportunidad no consiste únicamente en vender al exterior. También consiste en construir calendarios y formatos comerciales que reduzcan los huecos del mercado nacional.
Agua, clima, sanidad e inocuidad
El agua es hoy el factor operativo más sensible del cultivo. Durante buena parte de 2024 y comienzos de 2025, varias regiones productoras del norte y noroeste enfrentaron condiciones de sequía que endurecieron el uso del riego y elevaron la competencia por el recurso. A partir de junio de 2025, el aumento de lluvias mejoró el nivel de almacenamiento en presas y redujo la huella general de sequía al inicio de 2026. La señal nacional fue clara. El máximo reciente se observó el 31 de mayo de 2024, cuando 76% del territorio del país presentó algún grado de sequía. Para el 15 de enero de 2026, la proporción bajó a 7.4%. El alivio es real. La vulnerabilidad estructural sigue presente.
En fresa, la cuestión hídrica no se limita a disponer de agua. También importa la regularidad con la que esa agua puede aplicarse. El cultivo necesita humedad bien administrada y drenaje eficiente. Exceso y déficit generan daños rápidos. El propio comportamiento fisiológico de la planta marca un umbral relevante. Cuando la temperatura supera los 30 grados centígrados, aparece estrés térmico y la fruta pierde potencial de tamaño, color y firmeza. Por esa razón, 2026 ofrece una mejor base hídrica respecto del pico de crisis de 2024. Las empresas, de cualquier forma, deben evitar interpretar esa mejora como solución definitiva. La prioridad sigue siendo invertir en eficiencia hídrica, sombreo cuando aplica, cobertura y programación agronómica muy precisa.
La volatilidad climática agrega otra capa de complejidad. Lluvias fuera de tiempo pueden retrasar plantaciones, interrumpir cortes, elevar presión de hongos y dañar fruta ya lista para cosecha. El exceso de calor acelera maduración y reduce firmeza. El viento afecta estructuras y eleva estrés fisiológico. Todo eso incide de manera directa sobre el porcentaje exportable. El cultivo puede seguir produciendo volumen, con una parte de ese volumen perdiendo valor comercial cuando cambia el calibre, baja la resistencia al transporte o se incrementa la pudrición. De ahí que la adaptación climática ya no deba leerse como discurso ambiental. Para la fresa es una variable financiera con impacto diario en mermas, devoluciones y horas efectivas de corte.
La sanidad y la inocuidad son el segundo gran frente. El Servicio Nacional de Sanidad, Inocuidad y Calidad Agroalimentaria mantiene la responsabilidad de proteger los mercados internacionales mediante la certificación fitosanitaria de productos vegetales de exportación. Ese proceso es decisivo porque la fresa viaja hacia mercados muy sensibles a residuos, contaminación biológica y presencia de plagas cuarentenarias. Durante 2026 aparecieron alertas internacionales que conviene seguir de cerca. En marzo de 2026 se reportó por primera vez en estados del este de Estados Unidos la presencia de Fusarium oxysporum especializado en fresa raza 1. Para México, este tipo de noticias funciona como advertencia temprana y recuerda que la vigilancia fitosanitaria debe mantenerse activa incluso cuando el problema se detecta fuera del territorio nacional.
Estas alertas externas importan porque anticipan mayores exigencias de vigilancia dentro del comercio internacional. Para los productores mexicanos, la respuesta práctica pasa por tres frentes. El primero es fortalecer material vegetal sano, limpieza de campo y monitoreo. El segundo es mantener trazabilidad estricta desde la unidad de producción hasta el embarque. El tercero es reforzar disciplina en aplicación de agroinsumos, cosecha, enfriamiento y empaque. La fresa gana mercado cuando llega fresca, uniforme y segura. Lo pierde cuando aparece una inconsistencia sanitaria o documental. En 2026, la competitividad del cultivo depende tanto de la productividad del surco como de la capacidad de
Escenarios de negocio para 2026
El horizonte inmediato es de crecimiento moderado con exigencia alta. La previsión de 621,450 toneladas para 2026, 2% arriba de 2025, describe un sector que aún expande capacidad y lo hace con mayor disciplina. No se observa una carrera por superficie masiva. Se observa una búsqueda de estabilidad productiva, control de costos y captura de mejores ventanas de precio. Esa evolución favorece a empresas que ya cuentan con manejo técnico sólido y con disciplina comercial. También abre espacio a nuevos proyectos muy bien estructurados. Los modelos improvisados tendrán menos margen porque compiten en un entorno donde agua, empaque, sanidad y logística pesan tanto como el rendimiento agrícola.
Para Michoacán, el reto principal seguirá siendo sostener liderazgo sin sacrificar calidad comercial. Su escala le da poder de mercado y capacidad de negociación, a la vez que lo expone a cualquier desajuste operativo. La agenda empresarial ahí pasa por ordenamiento de cortes, fortalecimiento de empaque, mejor programación de cosecha y uso cuidadoso del agua. En Baja California, la oportunidad se concentra en consolidar la zona costa como plataforma de oferta tecnificada para ventanas comerciales específicas, con énfasis en San Quintín. Guanajuato conserva una oportunidad distinta, ligada a rendimiento, distribución al centro del país, identidad del producto y articulación con cadenas de valor que buscan fruta de respuesta rápida.
En el plano comercial, el principal aprendizaje de 2024 y 2025 es que la exportación por sí sola ya no garantiza margen. La fuerte concentración en Estados Unidos ofrece escala, continuidad y cercanía, y también deja a la cadena expuesta a decisiones regulatorias, competencia puntual y oscilaciones cambiarias. Por eso, una estrategia sensata para 2026 combina tres movimientos. Uno, asegurar presencia firme en el mercado estadounidense con mejor ejecución sanitaria y logística. Dos, profundizar el mercado nacional con programas estables para autoservicio, mayoristas y procesadores. Tres, desarrollar salidas complementarias hacia destinos de menor volumen, siempre que la operación mantenga rentabilidad real junto con visibilidad comercial.
La rentabilidad futura también dependerá de cómo cada empresa ordene su información. En cultivos delicados como la fresa, la intuición empresarial ayuda menos que un sistema claro de seguimiento por lote, semana y destino comercial. Conviene medir rendimiento por hectárea, fruta de primera, porcentaje exportable, merma en empaque, devoluciones, costo por kilogramo colocado, consumo de agua y productividad de cosecha. Esa información permite corregir rápido. También ayuda a decidir si conviene mantener una variedad, cambiar calendario de plantación, invertir en túneles, rediseñar contratos de empaque o mover parte de la producción hacia mercados menos exigentes en apariencia y más estables en absorción.
En síntesis, la fresa en México entra a 2026 con fundamentos sólidos y con una agenda empresarial más compleja que hace unos años. Hay base productiva, mercado interno creciente, liderazgo exportador y regiones especializadas con experiencia. Al mismo tiempo, hay límites concretos en agua, costos, clima y sanidad que obligan a operar con mayor precisión. La empresa que vea la fresa solo como un cultivo rentable por tradición se quedará corta. La empresa que la entienda como un sistema integrado de agronomía, frío, calidad, trazabilidad y comercialización tendrá mejores opciones de sostener margen y crecer. Esa es la dinámica nacional del cultivo hoy, centrada en una gestión profesional de cada decisión.
Fuentes consultadas
- United States Department of Agriculture, Foreign Agricultural Service. (2026, marzo 11). Berry annual voluntary.
- Secretaría de Economía. (s. f.). Frutillas frescas: intercambio comercial, importaciones y exportaciones, mercado y especialización. Data México.
- Secretaría de Economía. (2026, marzo 4). Precios al mayoreo de frutas y hortalizas en la Central de Abasto de Toluca. Sistema Nacional de Información e Integración de Mercados.
- Comisión Nacional del Agua. (2026, febrero 2). Libres de sequía, más de dos mil municipios en 13 estados de la República Mexicana.
- Servicio Nacional de Sanidad, Inocuidad y Calidad Agroalimentaria. (s. f.). Exportación de productos agrícolas.
- Servicio Nacional de Sanidad, Inocuidad y Calidad Agroalimentaria. (2026, marzo 26). Monitor fitosanitario.
- Secretaría de Agricultura y Desarrollo Rural, Representación en Baja California. (2025, noviembre 19). Programan 9,226 hectáreas para el ciclo agrícola otoño invierno 2025-2026 en la zona costa de Baja California.
