La fresa mexicana se mueve bajo una lógica de ventanas de producción que determina buena parte de su dinámica comercial. A diferencia de cultivos con una sola temporada bien definida, la fresa puede producirse en distintas regiones del país en momentos distintos del año, gracias a la diversidad de climas y altitudes que existen entre estados como Michoacán, Guanajuato, Baja California y Jalisco. Esto permite que el mercado nacional cuente con abasto durante buena parte del año, aunque con variaciones importantes en volumen, calidad y precio según la época.
Michoacán, particularmente la región de Zamora, concentra la mayor parte de la producción nacional y opera prácticamente todo el año, con picos de cosecha que suelen ubicarse en los meses de otoño e invierno, cuando las condiciones de temperatura favorecen el desarrollo de la fruta y coinciden con la demanda de exportación hacia Estados Unidos. Baja California, en cambio, tiene un ciclo más concentrado en primavera y verano, complementando así el calendario nacional y evitando que el mercado dependa de una sola región durante todo el año.
Esta complementariedad regional es clave para entender la disponibilidad comercial de la fresa. Cuando una zona productora entra en su etapa de menor rendimiento, otra suele estar en plena cosecha, lo que ayuda a mantener cierta estabilidad en el abasto para consumo interno y para los compromisos de exportación. Sin embargo, esto no significa que el mercado esté exento de fluctuaciones. Factores como heladas, lluvias fuera de temporada, plagas o enfermedades pueden reducir la oferta de manera repentina en una región específica, lo que se traduce en ajustes de precio a corto plazo, tanto en el mercado nacional como en el de exportación.
La fresa que se produce en México tiene dos destinos principales: el mercado interno, que incluye centrales de abasto, supermercados y venta directa en mercados locales, y la exportación, que se dirige principalmente a Estados Unidos, aunque también llega a Canadá y, en menor medida, a otros países. La proporción que se destina a cada mercado depende de la calidad de la fruta, del tipo de variedad cultivada y de las condiciones logísticas de cada productor. La fruta de exportación generalmente requiere estándares más estrictos de tamaño, firmeza y apariencia, mientras que la que se queda en el mercado nacional puede tener un rango más amplio de calidad, incluyendo fruta destinada a procesamiento industrial para congelados, mermeladas o jugos.
El uso de invernaderos y macrotúneles ha modificado también la disponibilidad comercial de este cultivo. Estas estructuras permiten proteger las plantas de condiciones climáticas adversas y extender los periodos de cosecha, lo que reduce la dependencia total de la producción a cielo abierto. Aunque implican una inversión inicial más alta, muchos productores han optado por este sistema porque ofrece mayor control sobre la calidad de la fruta y permite planear mejor los volúmenes de entrega a compradores nacionales y extranjeros. Este tipo de decisiones productivas está directamente relacionado con los aspectos económicos del cultivo de fresa, ya que la inversión en infraestructura influye en los costos de producción y en la rentabilidad que puede alcanzar cada ciclo.
La cadena comercial de la fresa también incluye intermediarios que cumplen un papel importante en la distribución. Los acopiadores y empacadoras trabajan directamente con productores para clasificar la fruta según su destino, ya sea fresco para consumo inmediato o para congelado industrial. Esta clasificación afecta el precio que recibe el productor, pues la fruta de mejor calidad suele pagarse mejor en el mercado de fresco, mientras que la de menor calibre o con algún defecto visual se destina al procesamiento, que paga precios más bajos pero ofrece un mercado más estable.
Para quienes están considerando incursionar en este cultivo, es importante entender que la disponibilidad comercial no depende únicamente de sembrar en el momento adecuado, sino de construir relaciones comerciales sólidas con compradores, ya sea en el mercado nacional o de exportación. Existen distintas oportunidades de negocio del cultivo de fresa que van desde la venta directa hasta la integración en cadenas de valor con empacadoras certificadas, y elegir la estrategia correcta puede marcar la diferencia entre un ciclo rentable y uno que apenas cubra costos.
