La producción mexicana de fresa mostró entre 2023 y 2025 un comportamiento de expansión y ajuste, más que una trayectoria lineal de crecimiento. El volumen pasó de 641.6 mil toneladas en 2023 a un máximo de 696.1 mil en 2024, para retroceder a 641.9 mil toneladas en 2025. Esto significa que el avance de 8.5% logrado en 2024 prácticamente se perdió al año siguiente, de modo que el volumen de 2025 quedó apenas 0.1% por encima del de 2023. Sin embargo, la productividad sí terminó en mejor posición: el rendimiento nacional pasó de 42.02 a 43.01 toneladas por hectárea. La lectura central es que el sector conserva capacidad productiva, pero enfrenta dificultades para sostener simultáneamente superficie, rendimiento y valor después del máximo alcanzado en 2024.
La estructura productiva continúa altamente concentrada. En 2025 Michoacán aportó 60.3% del volumen nacional, Baja California 17.5% y Guanajuato 15.3%; juntos generaron 93.0% de toda la fresa medida en toneladas. No obstante, el liderazgo cambia cuando se observa la captura de valor. Baja California obtuvo 28.1% del valor nacional con solo 17.5% del volumen, gracias a un precio promedio cercano a $39,158 por tonelada, muy superior al promedio nacional de $24,358. En contraste, Guanajuato combinó el mayor rendimiento estatal entre los grandes productores con uno de los precios más bajos. Esta divergencia entre volumen, productividad y precio es una de las claves para entender dónde se encuentran las oportunidades: no basta con producir más, también importa cómo se convierte cada tonelada en valor.
Evolución de la producción nacional
En 2023 se obtuvieron 641,552 toneladas de fresa, con un valor de $15.48 mil millones. En 2024 la producción aumentó a 696,113 toneladas y el valor llegó a $17.20 mil millones. El crecimiento del valor, de 11.1%, fue mayor que el del volumen, porque el precio promedio nacional aumentó de $24,135 a $24,707 por tonelada y el rendimiento mejoró 4.5%. Fue el año más favorable del periodo al combinar mayor superficie, mayor productividad y mejor precio.
En 2025 la dinámica cambió. La producción cayó 7.8% frente a 2024 y el valor disminuyó 9.1%, hasta $15.64 mil millones. Aun así, el resultado no representa un deterioro completo respecto de 2023. El volumen prácticamente regresó al punto de partida, mientras el rendimiento fue 2.3% superior y el precio promedio 0.9% mayor. En otras palabras, el ajuste de 2025 provino principalmente de una reducción de la superficie y de una moderación del rendimiento frente al nivel excepcional de 2024. La estabilidad del volumen entre los extremos del periodo oculta, por tanto, una recomposición interna importante.
Distribución geográfica de la producción
Michoacán es el eje de la producción nacional. En 2025 obtuvo 387.1 mil toneladas, equivalentes a 60.3% del total, sobre 9,376 hectáreas sembradas. Sin embargo, perdió terreno relativo frente a 2023, cuando generaba 62.6% del volumen. Su producción disminuyó 3.6% entre 2023 y 2025 y su participación cedió 2.3 puntos porcentuales. El liderazgo sigue siendo abrumador, pero la concentración dentro del estado no impidió que otras regiones capturaran parte del crecimiento.
Baja California es el principal ganador entre los grandes productores. Pasó de 100.1 mil toneladas en 2023 a 112.0 mil en 2025, un aumento de 12.0%, pese a sembrar 7.9% menos superficie. La explicación está en el rendimiento, que mejoró de 38.17 a 46.39 toneladas por hectárea. Guanajuato, en cambio, redujo su volumen 3.1% entre 2023 y 2025 y pasó de 15.7% a 15.3% de participación. Jalisco avanzó 14.6% con prácticamente la misma superficie, mientras el Estado de México creció 27.0% y Aguascalientes 36.2%, aunque ambos parten de escalas mucho menores. Estas entidades muestran que el crecimiento fuera de los tres líderes existe, pero todavía no modifica la estructura nacional.
Comportamiento de los ciclos agrícolas
El ciclo Otoño-Invierno domina cada vez con mayor claridad. Produjo 429.6 mil toneladas en 2023, 488.3 mil en 2024 y 450.3 mil en 2025. Su participación pasó de 67.0% a poco más de 70% del volumen nacional. También concentra alrededor de 77% del valor en 2025. Michoacán es su principal soporte, seguido por Baja California y Baja California Sur. El avance de este ciclo explica buena parte del máximo nacional de 2024 y también buena parte de la contracción posterior.
La mayor señal de debilidad se encuentra en Primavera-Verano. Su producción descendió de 104.4 mil toneladas en 2023 a 83.8 mil en 2025, una reducción acumulada de 19.7%. La superficie sembrada cayó 16.2% y el precio promedio disminuyó 25.2%, de $27,695 a $20,719 por tonelada. Como consecuencia, el valor generado por este ciclo se redujo casi 40%. Los cultivos perennes presentan un comportamiento distinto: el volumen se mantuvo prácticamente estable alrededor de 108 mil toneladas entre 2023 y 2025, pero el precio subió 13.3% y el valor 13.5%. Esto muestra una redistribución económica favorable a los perennes y una pérdida clara de atractivo relativo de Primavera-Verano.
Diferencias entre riego y temporal
La fresa mexicana es, en términos productivos, un cultivo de riego. Esta modalidad aportó 99.8% del volumen nacional en 2025, proporción prácticamente idéntica a la observada durante todo el periodo. En ese año el riego produjo 640.8 mil toneladas sobre 14,877 hectáreas cosechadas, con rendimiento de 43.07 toneladas por hectárea. El temporal apenas generó 1,094 toneladas sobre 48.9 hectáreas.
La diferencia no es solo de escala. En 2023 el rendimiento de riego fue de 42.12 toneladas por hectárea frente a 20.96 en temporal; en 2024 la brecha fue de 43.97 frente a 14.78. En 2025 el temporal mejoró a 22.37 toneladas por hectárea, aunque ese promedio está influido por un resultado muy alto en una superficie pequeña del Estado de México. El precio promedio del temporal también fue inferior al de riego en 2025, $18,766 frente a $24,367 por tonelada. La dependencia del riego es, por tanto, estructural: el crecimiento del sector y la estabilidad de su productividad están vinculados casi por completo a esta modalidad.
Superficie sembrada y superficie cosechada
La superficie sembrada acompañó el ciclo de expansión y ajuste de la producción. Pasó de 15,308 hectáreas en 2023 a 15,936 en 2024, para descender a 15,086 en 2025. Frente al inicio del periodo, la superficie final fue 1.4% menor. La superficie cosechada cayó todavía más, 2.2%, de 15,267 a 14,926 hectáreas. Por ello, mantener prácticamente el mismo volumen de producción con menos hectáreas constituye una señal positiva de eficiencia agregada.
Existe, sin embargo, un deterioro en la conversión de superficie sembrada a cosechada. La diferencia fue de 41 hectáreas en 2023, aumentó a 78 en 2024 y llegó a 160.5 en 2025. En este último año, 78.1 hectáreas correspondieron a Guanajuato, 60 a Baja California Sur y 21.9 a Jalisco. En Baja California Sur la superficie sembrada aumentó con fuerza hasta 230 hectáreas, pero solo 170 fueron cosechadas, por lo que la expansión no se tradujo en mayor producción. Este punto representa un área concreta de mejora: antes de ampliar hectáreas, resulta más rentable elevar la proporción que efectivamente llega a cosecha.
Rendimiento y productividad por hectárea
El rendimiento nacional mejoró de 42.02 toneladas por hectárea en 2023 a 43.90 en 2024 y se moderó a 43.01 en 2025. Aunque el máximo no se sostuvo, el cierre permanece por encima del inicio del periodo. Entre los productores de mayor escala, Guanajuato registró en 2025 el rendimiento estatal más alto, con 52.12 toneladas por hectárea, seguido por Aguascalientes con 51.46, Baja California Sur con 49.15 y Baja California con 46.39. Michoacán alcanzó 41.29 toneladas por hectárea.
La productividad también permite detectar cambios competitivos. Baja California produjo 12% más que en 2023 con menos superficie, al elevar su rendimiento 21.6%. Jalisco obtuvo 14.6% más volumen con una superficie prácticamente sin cambio, gracias a un aumento de 19.3% en rendimiento. Guanajuato ofrece la lectura opuesta: aunque sigue siendo altamente productivo, su rendimiento bajó de 54.16 a 52.12 toneladas por hectárea entre 2023 y 2025. En 2025 la caída fue más visible frente a 2024, cuando alcanzaba 56.34. Para los líderes, la productividad aparece como el principal mecanismo para defender participación sin depender de una expansión territorial.
Precios y valor de la producción
El precio promedio nacional se mantuvo relativamente estable en el balance completo: $24,135 por tonelada en 2023, $24,707 en 2024 y $24,358 en 2025. Sin embargo, esta estabilidad esconde diferencias regionales muy amplias. En 2025 Baja California promedió $39,158 por tonelada, mientras Michoacán obtuvo $22,494 y Guanajuato $15,010. Por eso, Baja California generó $4.39 mil millones y 28.1% del valor nacional con menos de una quinta parte del volumen. Michoacán produjo $8.71 mil millones, 55.7% del valor, con 60.3% de las toneladas.
Jalisco ilustra con claridad la diferencia entre producir y capturar valor. De 2024 a 2025 su volumen aumentó 23.9% y su rendimiento 28.5%, pero su precio promedio cayó 23.5%, por lo que el valor total disminuyó 5.2%. Guanajuato vivió el fenómeno inverso: el volumen cayó 9.3%, pero el precio subió 7.8% y el valor solo retrocedió 2.2%. La oportunidad comercial, por tanto, no reside únicamente en aumentar rendimiento. Las regiones con mayor productividad pero menor precio tienen espacio para mejorar la monetización de su producción, mientras las zonas con precios altos necesitan proteger volumen y superficie para conservar su ventaja económica.
La capital nacional de la fresa
Si el criterio es el volumen de producción acumulado y el liderazgo al cierre del periodo, Zamora, Michoacán, puede considerarse la capital productiva de la fresa. El municipio generó 112.9 mil toneladas en 2023, 123.5 mil en 2024 y 121.2 mil en 2025. En los tres años acumuló 357.5 mil toneladas, equivalentes a 18.1% del volumen nacional del periodo. En 2025 concentró por sí solo 18.9% de la producción mexicana, con 2,197 hectáreas cosechadas y un rendimiento de 55.16 toneladas por hectárea.
El liderazgo, no obstante, tiene un competidor muy cercano. Ensenada produjo 339.9 mil toneladas acumuladas y fue el municipio número uno en 2024, cuando alcanzó 137.4 mil toneladas frente a 123.5 mil de Zamora. En 2025 Zamora recuperó la primera posición con 121.2 mil toneladas frente a 112.0 mil de Ensenada. La diferencia más importante está en el valor: durante los tres años Ensenada generó alrededor de $13.27 mil millones, frente a $8.13 mil millones de Zamora. En 2025, aunque produjo menos, Ensenada obtuvo $4.39 mil millones contra $2.77 mil millones de Zamora. Así, Zamora es la capital por volumen, mientras Ensenada funciona como el referente de mayor captura económica entre los grandes centros productores.
Tendencias y desafíos del sector
El periodo deja cinco tendencias de fondo. La primera es la dificultad para convertir el crecimiento de 2024 en una expansión sostenida. La segunda es la concentración extrema en Michoacán, Baja California y Guanajuato. La tercera es el fortalecimiento relativo de Otoño-Invierno frente al retroceso de Primavera-Verano. La cuarta es la dependencia casi absoluta del riego. La quinta es una creciente separación entre competitividad productiva y competitividad comercial: algunas regiones destacan por rendimiento y otras por precio, sin que ambas ventajas necesariamente coincidan.
Dentro de este escenario, las oportunidades más claras se encuentran en mejorar productividad sin expandir superficie, reducir la superficie sembrada que no llega a cosecha y elevar el valor capturado por tonelada. Baja California demuestra que es posible crecer con menos hectáreas mediante rendimiento; Jalisco muestra que esa mejora puede perder impacto si el precio cae; Aguascalientes y el Estado de México exhiben crecimiento relevante desde una escala pequeña; Michoacán conserva una masa productiva difícil de desplazar, pero necesita recuperar dinamismo; y Guanajuato debe defender su ventaja de rendimiento. Adicionalmente, Jalisco y Tlaxcala registran actividad especializada en producción de planta, separada de la producción de fruto, lo que revela un componente complementario de la cadena que no debe confundirse con el tonelaje comercial.
El principal desafío para 2026 y años posteriores, visto únicamente desde la trayectoria de 2023 a 2025, sería recuperar el volumen de 2024 sin sacrificar rendimiento ni precio. El sector ya mostró que puede acercarse a 700 mil toneladas y superar $17 mil millones de valor, pero también que ese nivel no está garantizado. La oportunidad estratégica consiste en combinar tres capacidades que hoy aparecen dispersas: la escala de Michoacán, la captura de valor de Baja California y la productividad de Guanajuato. Las regiones que logren acercar esas tres variables tendrán la mejor posibilidad de ganar competitividad dentro de una producción nacional que, por ahora, se mantiene estable en volumen pero atraviesa una recomposición territorial, estacional y económica significativa.
Fuente de la información
Cierres Agrícolas de la DGSIAP para 2023, 2024 y 2025
