El manejo agronómico de la fresa exige atención constante porque es un cultivo de raíz superficial, ciclo relativamente corto y alta sensibilidad a los excesos o deficiencias de agua y nutrientes. A diferencia de otros frutales con sistemas radiculares profundos, la fresa concentra la mayoría de sus raíces en los primeros 20 a 30 centímetros de suelo, lo que la hace vulnerable a estrés hídrico y obliga a un monitoreo frecuente de la humedad del sustrato.
El riego es quizás el factor individual más determinante en la productividad y calidad de fruta. La mayoría de las plantaciones comerciales utilizan riego por goteo, que permite aplicar agua directamente en la zona radicular con alta eficiencia y sin mojar el follaje, reduciendo así el riesgo de enfermedades fúngicas. La frecuencia y volumen de riego varían según la etapa fenológica: durante el establecimiento de la planta se requieren riegos ligeros y frecuentes para favorecer el enraizamiento, mientras que en floración y fructificación las necesidades hídricas aumentan de forma considerable. Un déficit en estas etapas críticas puede traducirse en frutos pequeños o deformes, mientras que un exceso favorece la asfixia radicular y la proliferación de patógenos de suelo. Muchos productores complementan el riego por goteo con sensores de humedad o tensiómetros, herramientas que ayudan a tomar decisiones más precisas en lugar de regar por calendario fijo.
La nutrición de la fresa se maneja generalmente mediante fertirriego, es decir, la inyección de fertilizantes disueltos junto con el agua de riego. Este sistema permite ajustar las dosis según la etapa del cultivo y responder rápidamente a las necesidades de la planta. El nitrógeno es fundamental durante el crecimiento vegetativo, pero su exceso en etapas de fructificación puede retrasar la maduración y afectar la firmeza del fruto. El potasio, en cambio, cobra mayor relevancia conforme avanza la fructificación, ya que influye directamente en el tamaño, color y contenido de azúcares de la fresa. El calcio también merece atención especial porque fortalece las paredes celulares y reduce la incidencidad de frutos blandos o con pudriciones, un problema que puede agravarse si no existe un manejo adecuado de la sanidad vegetal del cultivo de fresa, un aspecto que conviene revisar con detalle para entender cómo interactúan la nutrición y las enfermedades.
Además del nitrógeno, potasio y calcio, elementos como el magnesio, el boro y el zinc cumplen funciones específicas en la fisiología de la planta, aunque se requieren en cantidades menores. Un desequilibrio nutricional no siempre se manifiesta de forma inmediata; muchas veces los síntomas aparecen semanas después, cuando ya se ha comprometido parte de la producción. Por eso el análisis foliar periódico es una práctica recomendable para ajustar las fórmulas de fertirriego con base en datos reales y no solo en calendarios preestablecidos.
Las actividades culturales complementan el trabajo de riego y nutrición, y entre ellas destaca el manejo de estolones. La fresa tiende a producir tallos rastreros que generan nuevas plantas, un proceso natural de propagación vegetativa, pero cuando el objetivo es maximizar la producción de fruta, conviene eliminar estos estolones para evitar que la planta destine energía a la formación de nuevas plántulas en lugar de a los frutos. El deshoje selectivo, que consiste en retirar hojas viejas o dañadas, también favorece la aireación de la planta y reduce la humedad relativa dentro del cultivo, factor que influye directamente en la incidencia de enfermedades.
El acolchado plástico, una práctica ya generalizada en muchas regiones productoras, cumple varias funciones simultáneas: conserva la humedad del suelo, evita el contacto directo del fruto con la tierra, controla malezas y modera la temperatura radicular. Esta técnica, junto con otras innovaciones, se ha visto reforzada en los últimos años por avances tecnológicos que están transformando la manera en que se cultiva la fresa a nivel comercial, desde sistemas automatizados de riego hasta sensores remotos que permiten anticipar condiciones adversas del clima.
En conjunto, el riego preciso, la nutrición balanceada y las labores culturales oportunas conforman un sistema interdependiente. Descuidar cualquiera de estos componentes repercute en los demás, por lo que el manejo exitoso de la fresa depende de una visión integral que combine observación constante, datos objetivos y decisiones ajustadas a cada etapa del cultivo.
