Sistemas de producción del cultivo de fresa

El sistema dominante de producción de fresa en México se basa en camas altas acolchadas con plástico negro, fertirrigación por goteo y uso intensivo de plántula fresca importada, configurando un modelo altamente tecnificado, este esquema responde a la necesidad de maximizar la productividad por hectárea bajo condiciones de presión fitosanitaria elevada, suelos heterogéneos y mercados de exportación exigentes, el acolchado reduce malezas, evapotranspiración y contacto del fruto con el suelo, mientras el goteo permite un control fino de la conductividad eléctrica y del balance nitrato–potasio.
Esta lógica se refuerza con la adopción de macro-túneles y, crecientemente, sistemas hidropónicos en sustrato inerte, que mitigan riesgos por lluvias fuera de temporada y variabilidad térmica, además, la concentración del cultivo en Michoacán y Baja California, con cadenas de frío integradas, favorece un calendario de producción casi continuo, alineado a ventanas de alto precio en Estados Unidos y Canadá, así, la decisión tecnológica se subordina menos al rendimiento potencial aislado y más a la estabilidad de la oferta, la inocuidad y la trazabilidad exigida por los compradores internacionales.
Tipo de operación
Los sistemas de producción de fresa en México se han diversificado hasta conformar un mosaico tecnológico donde el tipo de operación define no solo el rendimiento, sino la sanidad, la huella ambiental y la viabilidad económica del cultivo, la elección entre suelo o sustrato, manejo convencional u orgánico, y campo abierto o agricultura protegida no es un asunto binario, sino un continuo de decisiones que responden a clima, mercado, disponibilidad de agua y nivel de inversión.
Suelo vs sustrato: arquitectura del sistema radicular y del riesgo
El cultivo en suelo sigue siendo dominante en muchas regiones, sobre todo en sistemas de mediana tecnología, donde se aprovechan suelos franco-arenosos con buena aireación y drenaje, sin embargo, la intensificación productiva ha evidenciado los límites del suelo como medio de cultivo, especialmente por la acumulación de fitopatógenos como Fusarium spp., Phytophthora spp. y Macrophomina phaseolina, y por la presencia persistente de nematodos del género Meloidogyne, que comprometen la longevidad de las plantaciones.
La descontinuación progresiva de fumigantes de amplio espectro como el bromuro de metilo obligó a buscar alternativas, entre ellas los sustratos inertes o orgánicos en sistemas de maceta, bolsa o canal, donde la raíz se aísla del suelo nativo y se controla con precisión la solución nutritiva, el uso de mezclas de fibra de coco, perlita, turba y compost estabilizado ha permitido elevar rendimientos por encima de 60–70 t/ha equivalente en condiciones protegidas, reduciendo la presión de enfermedades de suelo, aunque trasladando el riesgo hacia fallas en el manejo de fertirriego y salinidad.
La transición de suelo a sustrato modifica la fisiología del cultivo, la densidad de plantación se incrementa, se homogeniza el volumen radicular disponible y se reduce la variabilidad espacial de humedad y nutrientes, lo que facilita estrategias de manejo de precisión, sin embargo, se requiere una curva de aprendizaje en el monitoreo de conductividad eléctrica (CE) y pH, así como en la formulación de soluciones nutritivas balanceadas en Ca, K y microelementos, para evitar fisiopatías como punta quemada o deficiencias latentes de Fe y Mn.
En zonas con suelos pesados o con historial de enfermedades, el uso de sustratos se ha convertido en una herramienta de gestión del riesgo, no solo sanitaria sino económica, al permitir ciclos más largos y cosechas más estables, aunque con un costo inicial mayor por infraestructura y materiales, la decisión entre suelo y sustrato termina siendo una ecuación entre costo de implantación, costo sanitario y valor del mercado objetivo, especialmente en exportación.
Convencional vs orgánica: manejo de insumos y estabilidad productiva
El sistema convencional de fresa se caracteriza por el uso intensivo de fertilizantes solubles, reguladores de crecimiento y una amplia gama de plaguicidas sintéticos, lo que facilita un control relativamente rápido de plagas clave como Tetranychus urticae, Frankliniella occidentalis y Lygus spp., y de enfermedades aéreas como Botrytis cinerea y Oidium fragariae, en consecuencia, la productividad se mantiene alta, con rendimientos comerciales que en agricultura protegida pueden superar 80 t/ha en regiones como Zamora y Los Reyes, Michoacán.
Sin embargo, la dependencia de moléculas sintéticas ha generado presiones regulatorias y de mercado, sobre todo en cadenas de exportación a Estados Unidos y la Unión Europea, donde los límites máximos de residuos se han vuelto más estrictos, además, la aparición de resistencias en poblaciones de patógenos y plagas frente a fungicidas y acaricidas específicos obliga a rotaciones complejas de ingredientes activos, incrementando costos y reduciendo el margen de maniobra técnica.
El sistema orgánico de fresa, por su parte, se sustenta en el uso de insumos certificados de origen biológico o mineral natural, con énfasis en biofertilizantes, extractos vegetales, microorganismos benéficos y prácticas culturales intensivas, el reto principal no es conceptual sino operativo, mantener rendimientos aceptables bajo una presión constante de plagas y enfermedades con un arsenal de herramientas más restringido, en muchos casos con eficacia parcial y mayor dependencia de la oportunidad de aplicación.
La nutrición orgánica de la fresa exige un diseño cuidadoso de fuentes de N, P y K, combinando compost maduro, harinas de roca, guanos y extractos líquidos, la mineralización del nitrógeno se desacopla parcialmente de la demanda inmediata del cultivo, lo que obliga a planificar con anticipación y a utilizar indicadores biológicos del estado del suelo, como respiración microbiana y contenido de C orgánico, para ajustar la estrategia, en sustratos, la operación orgánica es todavía más desafiante, pues la dinámica de liberación de nutrientes difiere de la del suelo mineral.
En términos productivos, los sistemas orgánicos en México suelen presentar rendimientos 20–40 % menores que los convencionales bajo condiciones comparables, pero con primas de precio que pueden compensar la brecha, sobre todo en mercados de nicho, la estabilidad del sistema orgánico a mediano plazo depende de la construcción de suelos biológicamente activos, rotaciones con cultivos de cobertura, y una integración robusta de control biológico mediante entomopatógenos, depredadores y parasitoides.
El punto de convergencia entre ambos enfoques aparece en los esquemas convencionales de baja huella o de manejo integrado, donde se reduce la carga de agroquímicos, se prioriza el uso de bioplaguicidas y se optimiza la nutrición para disminuir pérdidas por lixiviación, estos sistemas híbridos, aunque no certificables como orgánicos, responden a exigencias crecientes de trazabilidad y sustentabilidad sin sacrificar la productividad que demandan los contratos de exportación.
Campo abierto vs agricultura protegida: microclima, agua y sanidad
El cultivo en campo abierto sigue siendo relevante en regiones con clima templado y baja presión de lluvias en periodo de cosecha, la radiación natural y la ventilación favorecen una buena fotosíntesis y reducen ciertos problemas de humedad excesiva, pero exponen al cultivo a heladas, lluvias intempestivas, granizo y vientos que afectan floración, polinización y calidad de fruto, además, la variabilidad térmica diaria impacta la dinámica de plagas y el desarrollo radicular.
La agricultura protegida con macro túneles, invernaderos sencillos o estructuras tipo multitúnel ha transformado la operación del cultivo, el control parcial del microclima permite adelantar o extender ventanas de producción, manejar mejor la humedad relativa y reducir el mojado foliar, lo que incide directamente en la incidencia de Botrytis y otras enfermedades fúngicas, al mismo tiempo, la protección física disminuye el daño por lluvia en frutos maduros y mejora la uniformidad de color y firmeza, aspectos críticos para exportación.
Sin embargo, el ambiente protegido no es neutro, al reducir la ventilación natural se incrementa la probabilidad de explosiones poblacionales de ácaros y trips, y se favorece la acumulación de calor en periodos cálidos, obligando a diseñar estrategias de ventilación cenital y lateral, uso de mallas de sombreo y manejo cuidadoso del riego para evitar estrés hídrico, el equilibrio entre temperatura, radiación y humedad es determinante para mantener una relación adecuada entre crecimiento vegetativo y floración.
En términos de uso eficiente del agua, la combinación de agricultura protegida con riego por goteo y, en su caso, recirculación de solución nutritiva en sustrato, permite alcanzar eficiencias superiores al 85–90 %, reduciendo significativamente el volumen aplicado por tonelada producida, esta eficiencia cobra relevancia en cuencas con estrés hídrico, donde la disponibilidad de agua condiciona la expansión del cultivo más que la disponibilidad de tierra.
La elección entre campo abierto y protegido se cruza con las decisiones de suelo vs sustrato y convencional vs orgánica, generando configuraciones operativas muy distintas, por ejemplo, un sistema de sustrato en macrotúnel con manejo convencional se orienta a maximizar rendimiento y calidad para exportación, mientras que un sistema orgánico en suelo a campo abierto prioriza la reducción de costos de infraestructura y la venta en mercados locales o circuitos cortos, la rentabilidad de cada combinación depende de la alineación entre tecnología, clima y canal comercial.
Integración de decisiones: hacia sistemas de producción adaptativos
El tipo de operación en fresa no se define por una sola dicotomía, sino por la forma en que se integran medio de cultivo, manejo de insumos y entorno físico, cada decisión condiciona las demás, elegir sustrato implica casi inevitablemente un esquema de fertirriego de alta precisión, que a su vez se beneficia de estructuras protegidas para reducir variabilidad climática, mientras que optar por un manejo orgánico en suelos vivos demanda rotaciones, abonos verdes y periodos de descanso que son más factibles en campo abierto o en estructuras ligeras.
La tendencia reciente en las principales zonas freseras de México apunta hacia sistemas intensivos en conocimiento, más que solo intensivos en insumos, donde el monitoreo continuo de variables como CE, pH, potencial mátrico del suelo o sustrato, poblaciones de insectos benéficos y patógenos de suelo permite ajustar en tiempo real la operación, la digitalización mediante sensores, estaciones meteorológicas locales y plataformas de análisis de datos está empezando a redefinir la forma de tomar decisiones en el día a día del cultivo.
En este contexto, la frontera entre convencional y orgánico se vuelve más porosa, muchos productores convencionales incorporan bioinsumos, micorrizas y bacterias promotoras del crecimiento para mejorar la eficiencia en el uso de nutrientes y reducir la dependencia de fertilizantes sintéticos, mientras que productores orgánicos adoptan herramientas de agricultura protegida y sustratos para estabilizar su producción, la convergencia tecnológica se orienta hacia sistemas más resilientes frente a variabilidad climática y volatilidad de precios.
Finalmente, el diseño del sistema de producción de fresa debe contemplar no solo la campaña inmediata, sino la sostenibilidad del sitio a 5–10 años, la acumulación de sales en sustratos, la degradación de suelos por compactación o pérdida de materia orgánica, y la presión creciente de plagas invasivas o emergentes exigen esquemas de rotación espacial y temporal, manejo integrado de paisaje y una visión de cuenca más que de parcela, solo así el tipo de operación elegido dejará de ser una respuesta reactiva a problemas puntuales y se convertirá en una estrategia deliberada de largo plazo.
Tecnologías utilizadas
Los sistemas de producción de fresa en México han evolucionado hacia esquemas intensivos, de alta precisión y fuerte dependencia tecnológica, impulsados por la presión de rendimiento, calidad y trazabilidad que exigen los mercados de exportación. Esta transformación se observa con claridad en los valles de Zamora, Irapuato y el corredor Tepic–Xalisco, donde la combinación de plástico agrícola, riego presurizado, control ambiental y manejo digital redefine la forma de producir Fragaria × ananassa. Entender estas tecnologías no solo implica describir equipos, sino analizar cómo modifican la fisiología del cultivo, la dinámica de patógenos y la eficiencia en el uso de recursos.
Infraestructura de cultivo: del suelo al sistema protegido
La transición del cultivo en suelo a los sistemas en cama elevada con acolchado plástico fue el primer gran salto tecnológico, porque permitió mejorar el drenaje, elevar la temperatura radicular y reducir la incidencia de frutos sucios y pudriciones. El uso de acolchado negro sigue siendo dominante en zonas con alta presión de malezas, mientras que el bicolor negro/plata se ha consolidado en regiones con alta radiación y temperaturas máximas superiores a 30 °C, ya que la cara plata refleja parte de la radiación y disminuye el estrés térmico del sistema radicular. En campos con alta incidencia de Frankliniella occidentalis, el acolchado plata también contribuye a disminuir la colonización inicial.
Sobre esta base se han expandido los sistemas de macrotúnel y túnel alto, que ya cubren una proporción creciente de la superficie tecnificada de fresa en Michoacán y Guanajuato. Estas estructuras, con alturas de 3,0–4,5 m y cubiertas plásticas de 150–200 micras, modifican el microclima, reducen el impacto directo de lluvias y rocíos, y permiten alargar la ventana de cosecha, aunque al costo de una mayor complejidad en la ventilación y el manejo de humedad relativa. La selección del tipo de plástico (difuso, térmico, con filtros UV parciales) se ha vuelto una decisión estratégica, porque afecta la fotosíntesis, la coloración del fruto y la dinámica de Botrytis cinerea.
En paralelo, los sistemas en sustrato y cultivo en altura han ganado terreno en unidades altamente intensivas, sobre todo en proyectos orientados a exportación y certificaciones estrictas de inocuidad. El uso de sustratos a base de fibra de coco, mezclas con perlita o turba, en contenedores o canaletas, permite un control más fino del balance aire–agua, reduce el contacto del fruto con el suelo y facilita la recolección, pero exige una fertirrigación de alta precisión y monitoreo continuo de CE y pH. Esta migración del suelo al sustrato reconfigura la relación del cultivo con el ambiente edáfico, desplazando parte del manejo agronómico hacia el manejo de soluciones nutritivas y sensores.
Riego, fertirrigación y manejo de la solución nutritiva
La generalización del riego por goteo con emisores autocompensados y caudales de 1,0–1,6 L/h ha sido otro pilar tecnológico, ya que la fresa presenta un sistema radicular superficial y una alta sensibilidad tanto al déficit hídrico como al encharcamiento. La tendencia actual se orienta a múltiples líneas de goteo por cama, con espaciamientos de 20–30 cm entre emisores, para asegurar una distribución más homogénea de la humedad y los nutrientes, especialmente en camas anchas y sistemas de alta densidad de plantación. La integración de sensores de humedad del suelo (tensiómetros, FDR, capacitivos) y su conexión a controladores permite ajustar la frecuencia de riegos a la dinámica real de extracción de agua del cultivo, reduciendo el estrés hídrico subclínico que afecta el calibre y la firmeza del fruto.
En sistemas de sustrato, la fertirrigación se ha sofisticado con el uso de cabezal de inyección automatizado, tanques madre A y B y soluciones concentradas formuladas en función de la etapa fenológica. Se busca un equilibrio entre relaciones N:K que favorezcan la floración continua y la firmeza del fruto, manteniendo niveles adecuados de Ca y Mg para evitar desórdenes fisiológicos como la punta seca. La tendencia es hacia el uso de sensores en drenaje para monitorear CE y pH en tiempo real, ajustando la concentración de la solución nutritiva y la fracción de lixiviación, lo que mejora la eficiencia en el uso de fertilizantes y reduce el riesgo de salinización.
Un cambio relevante es la incorporación de modelos de balance hídrico y algoritmos de decisión que integran radiación, temperatura y estado hídrico del sustrato para programar riegos, desplazando la toma de decisiones basada solo en la experiencia del técnico. En unidades de punta, ya se observan sistemas de riego gobernados por plataformas digitales que combinan pronósticos climáticos con datos de sensores locales, generando estrategias de riego dinámicas que responden a días extremos de calor o radiación atípica.
Protección fitosanitaria, biocontrol e integración digital
La fresa concentra un conjunto de patógenos y plagas que responden de manera directa al microambiente creado por las tecnologías de producción, por lo que el manejo fitosanitario se ha tecnificado en paralelo. En el ámbito de enfermedades de suelo, la transición desde la fumigación con bromuro de metilo hacia mezclas de 1,3-dicloropropeno y cloropicrina, y más recientemente hacia estrategias combinadas con biosolarización y uso de enmiendas orgánicas, ha reconfigurado el manejo de Phytophthora spp., Verticillium dahliae y complejos de hongos de raíz. En sistemas de sustrato, el énfasis se ha desplazado hacia la sanidad del agua de riego y la desinfección de soluciones nutritivas mediante rayos UV, ozono o peróxido estabilizado.
En el manejo de plagas, la adopción de control biológico ha dejado de ser marginal, integrándose al diseño del sistema de producción, sobre todo en macrotúneles y estructuras protegidas donde el ambiente es más estable. La liberación programada de ácaros benéficos como Phytoseiulus persimilis y Amblyseius swirskii, así como de crisópidos y Orius insidiosus, se coordina con el uso de mallas antiáfidos y trampas cromáticas, configurando esquemas de Manejo Integrado de Plagas (MIP) apoyados por monitoreo sistemático. Las tecnologías de aplicación también han avanzado, con equipos de aspersión de bajo volumen, boquillas antideriva y, en algunos casos, uso experimental de drones para aplicaciones foliares en bloques extensos.
La digitalización se extiende al ámbito fitosanitario con el uso de aplicaciones móviles y plataformas en la nube para el registro georreferenciado de focos de plagas y enfermedades, lo que permite visualizar su dinámica espacial y temporal dentro del lote. Se exploran algoritmos de visión computarizada apoyados en cámaras multiespectrales para detectar tempranamente síntomas de estrés biótico en follaje, diferenciando patrones de daño por ácaros, deficiencias nutricionales o infecciones incipientes de Xanthomonas fragariae. Estas herramientas, aunque aún en fase de adopción incipiente, apuntan a una agricultura de precisión donde las intervenciones fitosanitarias se vuelven más focalizadas.
Tendencias emergentes: sensores, datos y sostenibilidad
La convergencia entre sensórica, automatización y análisis de datos está redefiniendo el sistema de decisiones en el cultivo de fresa. El despliegue de estaciones agroclimáticas conectadas, sensores de radiación PAR, temperatura de hoja y humedad relativa en túneles, junto con nodos de IoT para monitoreo de suelo y sustrato, genera un volumen de datos que ya no puede interpretarse solo de forma empírica. Empresas productoras y asociaciones están comenzando a utilizar modelos predictivos para estimar curvas de floración y cosecha, riesgo de heladas radiativas y ventanas críticas para la infección de Botrytis, integrando esta información a calendarios de manejo más finos.
En paralelo, se consolida el interés por tecnologías orientadas a la eficiencia de recursos y sostenibilidad, impulsadas por certificaciones como GlobalG.A.P. y exigencias de cadenas de supermercados. El uso de plásticos biodegradables para acolchado, sistemas de recirculación de drenajes en cultivo en sustrato, y monitoreo de la huella hídrica y de carbono del sistema productivo, empieza a ser parte de la planeación técnica, no solo de la mercadotecnia. La integración de bioestimulantes y microorganismos benéficos en programas de manejo, con productos a base de Trichoderma, Bacillus y consorcios rizosféricos, se evalúa ahora con mayor rigor, correlacionando su efecto con parámetros de rendimiento, firmeza y vida de anaquel.
Finalmente, la automatización de labores emerge como frontera tecnológica, especialmente en cosecha y manejo postcosecha, donde la disponibilidad de mano de obra es crítica. Si bien los robots cosechadores específicos para fresa aún se encuentran en etapas de adaptación a las condiciones de campo mexicanas, ya se observan avances en clasificación automatizada de fruta mediante visión artificial y en bandas de selección que discriminan por tamaño, color y defectos superficiales con alta precisión. Esta integración de tecnología desde la cama de cultivo hasta el empaque cierra el círculo de un sistema productivo intensivo, basado en datos, donde la fresa se convierte en un cultivo altamente tecnificado que responde a una lógica de precisión y trazabilidad a lo largo de toda la cadena.
- SIAP. (2024). Anuario estadístico de la producción agrícola. Servicio de Información Agroalimentaria y Pesquera.
- FAO. (2023). FAOSTAT statistical database: Crops and livestock products.
- Castañeda-Saucedo, M. C., et al. (2023). Advances in protected strawberry production systems in Mexico. Scientia Horticulturae, 312, 111999.
- Ledesma-Ramírez, L., et al. (2024). Substrate-based strawberry cultivation and fertigation management under Mexican conditions. Agricultural Water Management, 295, 108914.
- Pérez-López, A., & Morales, I. (2023). Organic versus conventional strawberry systems: Yield, quality and soil health indicators. Journal of Berry Research, 13(2), 157–176.
- Sánchez-González, J. A., et al. (2024). Integrated pest management strategies for strawberry in protected agriculture. Crop Protection, 177, 106312.
- Ramírez-Godoy, A., et al. (2023). Water use efficiency in strawberry under open field and protected environments. Agricultural Systems, 207, 103673.
- SIAP. (2024). Anuario estadístico de la producción agrícola. Servicio de Información Agroalimentaria y Pesquera, Secretaría de Agricultura y Desarrollo Rural.
- FAO. (2023). FAOSTAT: Crops and livestock products. Food and Agriculture Organization of the United Nations.
- OECD. (2024). Agricultural Policy Monitoring and Evaluation 2024: Mexico. Organisation for Economic Co-operation and Development.
- Rios, J. A., Salazar, S. M., & López, M. E. (2023). Advances in fertigation management for high-value berry crops. Scientia Horticulturae, 316, 112089.
- Ledesma, N. A., & Hancock, J. F. (2023). Modern strawberry production systems: Challenges and opportunities. Horticultural Reviews, 51, 145–198.
- Pérez-López, A., Sandoval-Villa, M., & Núñez-Barrios, A. (2024). Protected strawberry cultivation in Mexico: Technological trends and sustainability indicators. Revista Chapingo Serie Horticultura, 30(1), 45–68.
- Torres-Olivar, V., & Rodríguez-Dimas, N. (2023). Biological control strategies in Mexican berry production systems. Biocontrol Science and Technology, 33(7), 689–708.
- Martínez-Gamiño, M. A., & Flores-Córdova, M. A. (2024). Digital agriculture and IoT applications in intensive horticulture. Computers and Electronics in Agriculture, 217, 108482.
